¿Cuántas veces no hemos mirado una portada de un disco y esta se ha quedado en nuestra memoria? Recuerdo que a mi me había pasado cuando recién me involucré en conocer sobre los mejores discos de la historia y mi primer acercamiento con la banda fue cuando vi el arte de Lift Your Skinny Fists Like Antennas to heaven. Busqué ese álbum y lo escuché en algún foro. Jamás olvidaré esa portada y esa música tan cinematográfica. Pasaron los años y lo más reciente que había sabido de ellos había sido su boicot a Spotify. No quise volver a escucharlos, quería vivir de nuevo la experiencia y esto fue lo que sucedió.
Al entrar al recinto, la atmósfera se sentía distinta a cualquier otro concierto. No había la urgencia del mosh pit ni el brillo incesante de mil pantallas de celular; lo que se vivía era una especie de reverencia expectante. Los integrantes fueron entrando uno por uno y la gente aplaudía y mostraba respeto cuando alguien gritaba de emoción. Ante nosotros, se estaban acomodando una de las más grandes bandas de Post Rock de la historia. Cuando las primeras notas de contrabajo y el zumbido de los amplificadores comenzaron a llenar el espacio, entendí por qué había decidido esperar. Escuchar a Godspeed You! Black Emperor en vivo no es solo presenciar un setlist, es asistir a una misa secular de resistencia y esperanza La banda, fiel a su mística, se mantuvo en las sombras, permitiendo que el protagonismo cayera sobre las proyecciones en 16mm.
Los bucles de película rayada, con imágenes de metrópolis decadentes y cielos infinitos, se fundían con el crescendo de las guitarras.Mi cerebro no alcanzaba a procesar todo este gran viaje sonoro que estaba escuchando y presenciando. Era como ver una versión canadiense de Sigur Ros, con esas atmósferas tan llenas de sentimentalismo y melodías que te transportaban a momentos que tenías enterrados en tus recuerdos. Al final, cuando el último acople de guitarra se desvaneció y las luces se encendieron, el silencio que quedó en la sala fue tan potente como el ruido previo. Me di cuenta de que esa portada de los puños alzados que vi hace años no era solo arte; era una promesa. Guadalajara fue testigo de que GY!BE no es una banda del pasado ni una pieza de museo de foros de internet. Son una fuerza viva que nos recuerda que, incluso en un mundo que parece desmoronarse, todavía podemos levantar nuestras manos como antenas hacia el cielo.
Nota: Marco Ferrera
Foto: Leslie de Moral





