Tras liderar proyectos como Magneta Lane y LOLAA, la artista canadiense-mexicana, Lexi Valentine, debuta como solista. Esta decisión nace del colapso: entre viajes constantes por la hospitalización de su padre en Toronto, una dolorosa ruptura en la Ciudad de México y una profunda crisis de identidad tras haber dejado la música después de la pandemia.
El viaje arranca con el primer sencillo, “Niña Feliz”, la puerta de entrada a esta catarsis. Los versos retratan las versiones “perfectas” de Lexi que ella misma intentaba forzar como refugio en su relación. El coro rompe la fantasía, abrazando el dolor sin aparentar. Una propuesta vulnerable e introspectiva que entrelaza el indie pop con el dream pop.
Con esta nueva faceta busca integrar todo lo que ambos proyectos (Magneta Lane, LOLAA) buscaban por separado, coexistiendo por fin en el mismo lugar. No es un rechazo de ningún lugar en el que haya estado. Es un regreso a si misma, y a todo a la vez.

